El año anterior señalamos que 2016 tuvo un significado especial para Proantioquia por dos razones: la primera, los cambios en nuestro modelo de gobierno y el crecimiento de nuestro capital relacional, factores que nos generaron mayores capacidades para pensar, actuar e incidir sobre el desarrollo con equidad de la región y el país. Y la segunda, el compromiso activo que asumimos, con el propósito de contribuir a una paz sostenible, frente a los retos del llamado fast track. Durante 2017 seguimos trabajando, con igual relevancia, en esos objetivos.

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Fuimos parte activa del denominado Consejo Empresarial por una Paz Sostenible – CEPAZ, en el marco del cual contribuimos al análisis de todas las iniciativas presentadas bajo el fast track, en la implementación del Acuerdo de Paz firmado a finales de 2016.

Este Consejo ha actuado bajo tres criterios: evitar que los intereses de las FARC estén sobrerrepresentados; monitorear estrictamente que las normas no sobrepasen lo estipulado en los Acuerdos y, por último, cuidar con rigor que se preserven, e incluso se profundicen, las condiciones para el desarrollo empresarial responsable y la defensa de la propiedad, como los mecanismos más idóneos para promover la inclusión productiva y social.

Hoy estamos convencidos de que, más allá de asuntos puntuales que podrían haber sido mejores, la normatividad aprobada dentro de nuestro ordenamiento constitucional, en el marco del fast track, no suscita alarmas inquietantes. En este sentido, el papel del CEPAZ ha sido notable para mantener las iniciativas aprobadas dentro de los criterios ya señalados, evitando afectar el ordenamiento institucional del país.

Dado que aún existen retos normativos y de reglamentación e implementación de lo ya legislado, la continuidad del CEPAZ es, a nuestro juicio, una necesidad. Este se ha convertido además en un espacio de encuentro y construcción colectiva, de empresarios y centros de pensamiento, para reflexionar de manera práctica pero al mismo tiempo profunda, en función de intereses colectivos.

En paralelo a las discusiones normativas, ha crecido el número de iniciativas de muy distinto origen, muchas de ellas desde las instituciones creadas por el Estado relacionadas con el desarrollo rural y territorial, la reconciliación, el desarrollo productivo comunitario y la pequeña producción. Iniciativas cuyo propósito es superar problemas de la Colombia olvidada, cerrar brechas y atendener las necesidades de los territorios más afectados históricamente por el conflicto. Tradicionalmente el sector empresarial, con participación destacada de las organizaciones afiliadas a Proantioquia, ha sido parte activa en la atención de estos retos desde su compromiso de responsabilidad social y corporativa. La reflexión según la cual no pueden existir empresas exitosas en contextos que fracasan, es ya un paradigma que nuestros empresarios han suscrito.

Por ello, hemos sido interlocutores y hemos facilitado apoyos a muchas de estas propuestas. Pero siendo claros, los retos estructurales que tiene el país son de tal dimensión, que no se puede crear la ilusión de que es el sector privado el responsable de enfrentarlos. Las obligaciones sustantivas frente a la provisión de los bienes y servicios públicos esenciales para todos los colombianos, incluida la seguridad y la defensa de la libertad económica, es única y exclusivamente del Estado. Desde nuestro rol y alcance, debemos y podemos apoyar, como efectivamente lo hace el sector empresarial, la necesaria presencia integral del Estado en todo el territorio, pero es este último quien tiene la mayor responsabilidad y liderazgo.

Reconocemos particularmente como un gran esfuerzo y una oportunidad de ampliar esa presencia integral del Estado, la reciente legislación sobre obras por impuestos y las condiciones tributarias para el establecimiento de nuevas empresas en los territorios más afectados por el conflicto. Esta es una oportunidad, en medio de tanto olvido, para mostrar cómo la empresa hace las cosas con responsabilidad técnica, social, ambiental y a partir de grandes economías de gestión y de recursos, si los gobiernos son facilitadores y garantes de la seguridad para poder actuar en favor de dichos contextos.

Pero, sin duda alguna, la presencia empresarial será más efectiva si aprovechamos estas oportunidades desde un enfoque de actuación territorial y no simplemente desde pequeñas obras a lo largo y ancho de los territorios. Juntarse con el Estado y con la cooperación internacional, con este enfoque, permitiría seguramente transformar regiones de bajo desarrollo en unas de mayores oportunidades y crecimiento. Es la invitación que hemos venido haciendo y en la que queremos seguir insistiendo.
En complemento, vemos en la oportunidad de hacer obras por impuestos, la posibilidad de crear un gran laboratorio de innovación para hacer frente a la corrupción, que tanto afecta el buen uso de los recursos públicos. Este laboratorio permitiría al ciudadano entender que sí se pueden aplicar correctamente los impuestos. Estamos ante una oportunidad para mostrar que se pueden hacer las cosas que necesitan las comunidades, oportunamente, a tiempo y con la participación de ellas mismas. Así mismo, ayudaría a posicionar una narrativa positiva del empresariado, como ciudadanos corporativos, actuando con el mismo interés, en el desarrollo de sus organizaciones y en la atención de las necesidades más directas de las comunidades.

Hemos compartido con la cooperación internacional el enfoque de alianzas con focos regionales y nos entusiasman enormemente las coincidencias que hemos tenido al respecto. Destacamos las relaciones constructivas y positivas con la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional – USAID, con un liderazgo bien destacable del Señor Embajador de Estados Unidos en Colombia, Kevin Whitaker, y de su director, Lawrence Sacks, para que hagamos del Bajo Cauca y del Nudo de Paramillo, el mejor ejemplo de lo que puede significar trabajar juntos con visión integral. Esperamos profundizar este tipo de relaciones creadoras de confianza sobre el papel que cumple el sector privado como un aliado estratégico de trasformaciones positivas.

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En esta misma perspectiva, destacamos la respuesta positiva que ha tenido la iniciativa BioSuroeste, como un gran detonante del desarrollo rural de la Provincia Cartama. El proyecto de tener un Agroparque para el fortalecimiento agro-tecnológico, ambiental y turístico, además del interés social, académico y empresarial que ha despertado, ha sido de muy buen recibo por parte del Instituto Italiano de Cooperación y el Banco Interamericano de Desarrollo, entidades que nos han pedido presentar iniciativas de cooperación para su implementación. Un nuevo enfoque de la educación rural será componente estratégico dentro de este proyecto, para el cual las fundaciones Fraternidad Medellín, Secretos para Contar y Comfama, son aliados fundamentales.

Por otro lado, el interés por apoyar el mejor desarrollo de Medellín, sin duda sigue teniendo un lugar privilegiado en nuestra agenda. Precisamente, en nuestro último Consejo Directivo nos ocupamos de la actualización de aquellas variables que, según indicadores objetivos y encuestas de percepción, afectan en forma más significativa la calidad de vida de los ciudadanos, sobre todo de los más vulnerables. Seguir mejorando en la atención de la primera infancia, así como en educación, salud, medio ambiente, empleo y, como componente trasversal, en seguridad ciudadana, son las grandes prioridades de nuestra ciudad. Por supuesto, diariamente debemos encontrar maneras de profundizar nuestra capacidad de apoyo a la gestión pública de Medellín y por ello es importante acompañar al actual gobierno, reforzando el liderazgo requerido para mejorar en las variables mencionadas.

Todo este contexto de agendas y relacionamientos nos compromete, no solamente desde nuestra capacidad para acompañar iniciativas concretas, sino para profundizar en nuestro pensamiento prospectivo. Durante este año formularemos una propuesta estratégica de competitividad, así como en el 2017 lo hicimos para dinamizar la educación regional, que nos permita tener en este campo una interlocución más visionaria con los gobiernos y focalizar mucho más la agenda de cooperación. El apoyo del Consejo Privado de Competitividad será crucial para lograr este documento.

Así fue el conversatorio Medellín y Antioquia ¿Hacia dónde vamos?

Pero el gran marco que nos debe permitir ser más estratégicos, desde un enfoque global departamental y municipal, son las plataformas prospectivas que estamos creando desde Antioquia Sostenible y Medellín Cómo Vamos. Ambas iniciativas las estamos fortaleciendo para que alojen los Objetivos de Desarrollo Sostenible que debemos fijarnos como metas para el 2030. Todo este apoyo para que, además de entender en qué estamos o de dónde venimos, podamos construir rigurosamente hacia dónde debemos ir.

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Reflexión final

Todo nuestro trabajo propositivo y constructivo es posible porque no hemos caído en la tentación de la polarización política que atraviesa el país y que sesga y desvía la discusión sobre lo verdaderamente importante. Nuestras preguntas orientadoras siguen siendo: ¿Cómo llegar a acuerdos colectivos para impulsar agendas de desarrollo? ¿Cuáles son los mínimos que, como sociedad, debemos garantizar para la reconciliación y no repetición de las dinámicas del conflicto armado? ¿Cómo impulsar estratégicamente la búsqueda de una paz positiva? y, en general, ¿Cómo trabajar mucho más colectivamente por el desarrollo sostenible y con equidad?

Creemos que profundizar en esta perspectiva requiere fortalecer narrativas de construcción de país desde el empresariado y la sociedad civil en general, que sigan poniendo el optimismo como un deber moral y que nos alejen de la visión de un país victimizado, a uno de capacidades y oportunidades para lograr más transformaciones positivas hacia el bienestar de todos y para todos.

Como siempre, nuestros afiliados son los principales promotores y la mejor masa crítica con la que contamos para pensar, actuar y opinar responsablemente. Gracias a ustedes es que el equipo técnico y administrativo de Proantioquia puede responder con calidad, compromiso y efectividad, a las responsabilidades que nos han sido asignadas.

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