Medellín: educación en reversa

18 Jul 2022
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Las instituciones educativas en nuestra ciudad se caen a pedazos. Niños y jóvenes están teniendo problemas para estudiar; los rectores y docentes, para enseñar; los padres de familia, preocupados porque saben que sus hijos están expuestos al riesgo de la calle, a abusos, sin acceso a alimentación. Las mamás hacen maromas para encontrar quién les ayuda con el cuidado para que puedan trabajar.

Mirando hacia el futuro, hay que preguntarnos cómo estamos preparando a estos jóvenes para los retos de un mundo cada vez más complejo, qué aprendizajes y competencias se están perdiendo con la suma de tantos obstáculos: pandemia, alternancia, jornadas escolares reducidas, suspensión de clases, hambre.

Según la Personería de Medellín —junio de 2022—, cerca de 79 % de los colegios tiene deterioro en su infraestructura física: fallas estructurales, goteras, humedades, sin servicio de agua, baños en mal estado, etc. Circunstancias que tienen a decenas de niños por fuera de las aulas o con jornadas a media máquina porque, de 421 sedes educativas de la ciudad, 400 tienen dificultades con su infraestructura.

Mientras se resuelve el conflicto entre la Nación y la alcaldía por quién y cómo se destina el presupuesto para resolver estas problemáticas, los niños y jóvenes de Medellín están en el medio. La discusión transciende lo administrativo. Es deber de los liderazgos políticos resolver, buscar salidas, priorizar recursos y tener voluntad. Medellín cuenta con un presupuesto anual amplio —6,5 billones de pesos— que incluye las transferencias de EPM. No podemos adornar, ignorar, mirar para otro lado: este es un reversazo enorme en la apuesta social de la ciudad.

Que las comunidades estén haciendo “vaca” para sostener los colegios es incomprensible, tanto por el presupuesto con el que se cuenta como por lo que ha significado la educación para nuestra ciudad. Por mencionar un ejemplo, en el barrio Florencia, comuna 5, en la institución educativa Diego Echavarría Misas, profesores, estudiantes, familias, egresados y la comunidad “sacaron la ponchera” y recolectaron recursos para pintura, sanitarios, enchapes y pisos, como lo registró en días recientes un artículo de EL COLOMBIANO.

Miren esta cifra: la administración municipal presentó al Concejo un presupuesto de 2.500 millones de pesos para mantenimiento y adecuación de los planteles educativos oficiales. Sin embargo, se requieren, según la misma alcaldía, 370 mil millones para intervenir instituciones educativas afectadas y 57 mil millones de pesos para infraestructura tecnológica.

Hace un par de días, Medellín figuró en un ranquin internacional como una de las mejores ciudades del mundo, entre otras, por el espíritu comunitario y la resiliencia de sus habitantes. A propósito de esta distinción escuché lo que se preguntaba un rector de una institución educativa oficial que por estos días emprende la cruzada de tener una infraestructura digna y segura: ¿y para cuándo el reconocimiento como mejor ciudad para estudiar y aprender?

Lo podemos alcanzar, comencemos por darles a los niños y jóvenes lugares seguros y dignos donde estudiar.

P. D: Ojos vigilantes ante una posible asignación de esos millonarios recursos que se destinarían para intervenir las instituciones educativas.

Columnista: María Bibiana Botero | Presidenta Ejecutiva de Proantioquia

www.elcolombiano.com

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