La construcción de una sociedad en paz debe verse como una empresa que genera la mayor rentabilidad: el derecho de todos los ciudadanos de vivir en un ambiente que permita solucionar los conflictos de forma democrática y el respeto al trabajo honrado. Sin duda alguna, con la etapa final de las negociaciones en La Habana estamos ad portas del fin del conflicto con las Farc, pero lejos de alcanzar la paz. Esta tarea, que nos compete a todos, es similar a la de un artesano: la paciencia para trabajar sin descanso, disposición para corregir errores, tolerancia a la frustración… todo por alcanzar un sueño.

Desde el sector empresarial hay una fuerte conciencia de reforzar iniciativas que permitan consolidar ambientes de desarrollo equilibrado, de generación de oportunidades como apuestas de reconciliación y paz. Así lo hemos entendido en Proantioquia que, junto con la ANDI, nuestros afiliados y el apoyo académico de la Universidad EAFIT, venimos trabajando permanentemente en torno al proceso de negociación del fin del conflicto y la transición hacia una paz sostenible.

Con todos los tropiezos y retos posibles, hemos decidido apostarle a la paz con conciencia crítica. Durante el último año y medio hemos convocado a más de cinco espacios de discusión, con el concurso de empresarios de muchos países, para entender el rol del empresariado en la construcción de la paz. No hay fórmula ni poción mágica para saber la respuesta, y mucho menos hay uniformidad en lo que a una visión sobre el tema se refiere. Sin embargo, sí hay unanimidad en torno a que las empresas son un pilar fundamental para la sociedad, y de allí la responsabilidad que les compete para participar activamente en este proceso.

En procesos de paz de otros países, caso Irlanda, Suráfrica, Kenia, entre otros, el empresariado ha tenido un rol fundamental en crear ambientes proclives a la reconciliación, a promover escenarios de discusión y pedagogía ciudadana y, en general, a invitar de forma permanente a todos los actores de la sociedad a construir agendas públicas de largo plazo. Lo anterior, sin reemplazar la labor del Estado ni mucho menos buscando el protagonismo.

Al contrario. Las iniciativas empresariales en búsqueda de la paz tienen que tener como condición de posibilidad un liderazgo silencioso pero permanente, transformador y aglutinador. Hoy existen muchas que cumplen con estos criterios, que le apuestan a la paz y que será necesario seguir fortaleciendo. La empresa de la paz exige visión estratégica: identificar nuevas oportunidades de acción, generar mejores relacionamientos con los grupos de interés internos y externos, y en general, contribuir a entornos sostenibles en el marco de retornos económicos, sociales y ambientales de las actividades productivas.

Es posible encontrar países sin ejército, pero no hay país que avance sin empresas responsables; por ello, en este momento histórico, es cuando más necesitamos un sector empresarial comprometido con la generación de riqueza social. Empresas que le apuesten a la empresa de la paz.

Rafael Aubad L. Presidente Proantioquia

Publicado en El Colombiano

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