Elaborado por Juliana Toro Henao, del programa Medellín Cómo Vamos

El pasado 22 de agosto se llevó a cabo en el municipio de Titiribí la entrega del Parque Educativo Juan Bautista Montoya y Flórez. Aunque el evento contó lo la presencia del gobernador y del alcalde del municipio, la jornada fue protagonizada tanto por el Parque Educativo como por la comunidad.

Si bien los Parques Educativos son espacios físicos destinados al mejoramiento de la educación y tienen objetivos claros respecto al desarrollo cultural de los municipios, según lo que pude ver y oír en Titiribí, los parques han generado fuertes lazos comunitarios, lo que podría denominarse capital social.

Lyda Hanifan define el capital social como al modo en que progresivamente una comunidad se constituye; según Ostrom, dicha constitución o construcción se encontraría determinada por el surgimiento de redes que derivan de los lazos de confianza, reciprocidad y acción colectiva, lo que según Hanifan sería el espíritu público. Dichas definiciones de capital social, pueden ser complementadas a partir del trabajo de De Vylder, quien afirma que los lazos de confianza, reciprocidad y disposición a la acción colectiva no sólo deben darse entre los habitantes de una ciudad o un país, sino también entre estos con el gobierno y sus instituciones.

Algo que llama la atención fue que el parque donde se llevó a cabo el evento previo a la entrega del Parque Educativo, estaba colmado de jóvenes. Lo anterior genera inquietud ya que en el libro “Valores, Representaciones y Capital Social en Antioquia 2013” el equipo había constatado que el capital social en este grupo de edad estaba muy deteriorado. Los jóvenes, mostraban bajos niveles de confianza, reciprocidad y disposición a la acción colectiva respecto al resto de grupos de edad. Se mostraban desinteresados en participar en actividades de diferente índole, particularmente manifestaban apatía en temas relacionados con la solución de problemas de comunidad y en su interés en lo público; lo anterior -menciona el estudio a partir de Agosto y Núñez- podría deberse a que los jóvenes no sienten lazos con la comunidad, no se sienten identificados con ella y además, no han encontrado escenarios con reglas de juego claras donde puedan intervenir.

Con seguridad, el anterior hallazgo no fue una sorpresa para la gobernación, en la medida que desde hacía algún tiempo ya se venía trabajando en la inclusión de los jóvenes; no obstante, para el momento del estudio, dicha apatía de los jóvenes frente a lo público y a lo comunitario seguía siendo alarmante, por lo que el departamento entendió que el tema de juventud debía fortalecerse desde todos los ámbitos posibles, por ejemplo a partir de la inclusión de este grupo poblacional en el desarrollo de proyectos como el de los Parques Educativos.

Lo primero al llegar al municipio fue el recibimiento por una comitiva de jóvenes que iban a hacer las veces de guías durante toda la mañana. Como buenos anfitriones, ubicaron a todos los invitados y se las ingeniaron para estar ahí ante cualquier duda. Desde el espacio destinado para los invitados, se veía cómo el parque central se llenaba de los habitantes del municipio que iban a ser testigos de la entrega de su Parque. Se oían gritos y risas, se veían rostros emocionados que se avergonzaban cuando se veían transmitidos en la pantalla grande. El parque central se había convertido en un lugar lleno de júbilo y celebración; después de tanto trabajo e ilusión el Parque Educativo era una realidad.

Como ya se había mencionado, tanto el gobernador como el alcalde hablaron, por supuesto dando protagonismo a la comunidad y al Parque, no obstante, lo verdaderamente impactante fueron los comentarios que hacían los jóvenes encargados de enseñar algunos lugares tradicionales de Titiribí. En el balcón del Parque Educativo, hubo un instante en que una de las guías se quedó viendo al horizonte, y dijo: “nosotros nunca pensamos que esto tan lindo fuera a ser verdad”. Ese tipo de comentarios llevan a entender cómo una obra así, que busca un desarrollo integral en una comunidad, puede llegar impactar tanto; en el rostro de ésta joven -y a lo mejor de muchos de sus compañeros- se veía un semblante de esperanza frente al futuro de su municipio, y de confianza frente a una gobernación que estaba cumpliendo.

Minutos después, camino a la Casa Teatro, otro de los guías contaba cómo su perspectiva respecto al municipio había cambiado; según mencionaba, los jóvenes no habían logrado encontrar un lugar al cual ligarse, un lugar que se mostrara como una oportunidad de salir adelante, decía que “no veía la hora de salir del pueblo para poder ser alguien”, lo que cambió en el momento que se involucraron en la construcción y el desarrollo del Parque. Desde el momento que el municipio decidió participar en la convocatoria, hubo un punto en común, algo que todos querían y por lo que tenían que luchar juntos, lo que llevó a que los lazos de capital social se fortalecieran.

Finalmente, está la historia del tercer guía, un joven con problemas de audición que había decidido que quería ser uno de los jóvenes líderes del proyecto. Contaba Silvia, funcionaria ligada al proyecto de los Parques Educativos, que en un principio todos se habían asustado, más que sorprendido, cuando este joven tomó la decisión de formarse para poder ser guía. Mencionaba que la familia tenía miedo de que el joven fuera objeto de burlas por parte de sus compañeros, en la medida que al tener un problema auditivo su comunicación oral era compleja. El punto es que todo salió al revés: no hubo risas o bullying por parte de sus compañeros, hubo apoyo y ensayos en los que todos le compartían algunos tips para que se desenvolviera más fácil y pues así fue; este joven contó al detalle la historia de la Casa Teatro e incluso se mostró dispuesto a resolver dudas.

Lo ya contado, permite ver cómo los Parques Educativos son muestra de un desarrollo integral, que no se limita a la construcción de un espacio físico, o de una nueva forma de aprender. Los Parques como objetivo en común, lograron que la comunidad se fortaleciera, que los lazos entre los habitantes aumentaran, que la apatía de algunos frente a la las instituciones gubernamentales disminuyera y que, así suene cliché, las personas creyeran en un futuro mejor, tanto para ellos como para su comunidad.

Bibliografía

Castiglione, J.W. van Deth & G. Wolleb (Eds.), The Handbook of Social Capital (273- 302). Oxford: Oxford University Press.

Giraldo, J., Casas, A., Eslava, A., & Méndez, N. (2013). Valores, representaciones y capital social en Antioquia. Medellín: EAFIT – SURA – Gobernación de Antioquia.

Ostrom, E., & Ahn, T.K. (2003). Foundations of social capital. London: Edward Elgar.

Rist, G., (2002) El desarrollo: historia de una creencia occidental. Madrid. Los Libros de Catarata.

Toro, J., (2013) [En prensa] Una mirada a la utilidad del método experimental en la ciencia política. Cuadernos de Ciencia Política, Universidad EAFIT.

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