De acuerdo con información publicada por el Fondo Monetario Internacional, América Latina ha realizado importantes avances en materia de reducción de la pobreza y la desigualdad. Ello en la medida que en los últimos quince años los ingresos reales promedio en la región, han aumentado más del 25% y la pobreza extrema se ha reducido a la mitad. De igual manera y teniendo como base datos publicados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD, el número de personas que debe sobrevivir con menos de cuatro dólares diarios se ha reducido ostensiblemente en el mismo periodo de tiempo, pasando del 42% al 25% de los latinoamericanos. 

Estas variaciones han provocado un crecimiento importante de la clase media de casi el 50%, llegando incluso, en 2012, a ser mayor el número de pobladores que pertenecían a ella, que aquellos que vivían en condiciones de pobreza. La suma de estos factores ha hecho que la calidad de vida en la región haya mejorado en diferentes aspectos. A pesar de esto, en Latinoamérica y de manera especial en Colombia, las condiciones de vida siguen siendo altamente desiguales entre los diferentes segmentos de la población, bien sea determinados por la distribución del ingreso o por variables como el género o el grupo étnico. El acceso a las oportunidades sigue estando distribuido de manera poco equitativa entre estos grupos, y por tanto la calidad de los servicios públicos a los que tiene acceso, así como las oportunidades de desarrollo siguen estando supeditadas a las condiciones familiares y los entornos sociales en el cual se desenvuelven las personas.

Esta situación se hace evidente en fenómenos como la feminización de la pobreza, el desempleo juvenil y la exclusión de minorías étnicas de los procesos de desarrollo. En materia de género, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas –Cepal, afirma que el 30,8 % de las mujeres en América Latina no cuenta con ingresos propios, y de ellas 51,6 % asegura que esto se debe a que tiene que atender tareas domésticas y de cuidado de terceros. Esto ha provocado que por cada 100 hombres pobres, hay 117 mujeres en esa situación.

Otro ejemplo claro de las condiciones de vida tan desiguales que existe en la región y en nuestro país, ha quedado demostrado gracias a estudios como el realizado recientemente por el Observatorio Laboral del Ministerio de Educación que indica que uno de los factores que tiene más incidencia a la hora de fijar los salarios de los recién egresados es la universidad en la cual hayan cursado su carrera, de manera que los egresados de las universidades privadas pueden tener una aspiración salarial mayor que los egresados de universidades públicas, aunque estas últimas tengan en muchos casos, un mayor nivel académico. Pero no sólo el salario es mayor para los egresados de las universidades privadas, también lo es la posibilidad de acceder a mejores puestos de trabajo gracias al capital relacional que pueden acumular los estudiantes de estas instituciones, que es mayor que el se puede tener en las universidades públicas, dados los compañeros y profesores que se pueden encontrar en una y otra institución. Esto pone en desventaja a los estudiantes que, por sus condiciones económicas, sólo pueden acceder a la educación pública a la hora de ingresar al mercado laboral.

Situaciones como las expuestas hacen que las brechas entre los diferentes grupos poblacionales se sigan profundizando, al tiempo que los círculos intergeneracionales de pobreza se perpetúen, ya que los hijos de madres pobres tienen menor acceso a oportunidades como educación de calidad, servicios de salud oportunos y posteriormente, puestos de trabajo bien remunerados.

En esta medida, se hace necesario que se tomen medidas correctivas a través de reformas de fondo en aspectos fundamentales como el sistema pensional para lograr una mayor cobertura, el sistema tributario para lograr una mejor distribución de la riqueza, entre otros. Uno de los ejes fundamentales de esta transformación es el mejoramiento de la calidad educativa, no sólo equiparando la educación pública con la privada, sino garantizando pertinencia en los contenidos para que de esta manera los jóvenes desarrollen las competencias que requiere el mercado laboral y estén preparados para atender las demandas de una economía globalizada que exige una constante cualificación e innovación en los procesos productivos, pues la coyuntura económica actual ha puesto en evidencia que el país no puede seguir dependiendo exclusivamente de la exportación de materias primas como el petróleo.

De esta manera, se estarían brindando oportunidades reales de progreso a toda la población colombiana, no sólo a los jóvenes que tienen la capacidad de costear su formación académica en instituciones privadas o en el exterior y al tiempo se estaría eliminando uno de los cuellos de botella que tiene la economía colombiana en su tránsito a la diversificación, como lo es la falta de mano de obra calificada para el desarrollo de nuevos productos.

*Imágenes tomadas de internet

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