Detrás de la situación técnica de Hidroituango, están las personas que afrontan las dificultades y que la decisión de priorizar la vida de trabajadores y comunidad en general, es valiente, solidaria, pero también humanamente muy difícil y sobre el tema, que hoy tiene a todo el país en vilo, reflexionamos en El Colombiano. 

La angustia hoy en nuestro medio es un sentimiento generalizado. Los reportes preocupantes, el seguimiento de los medios de comunicación y las conversaciones cotidianas, hacen que nuestra mente no tenga otra palabra distinta: Hidroituango. El proyecto más grande en construcción en el país, atraviesa una situación muy compleja. Pero el drama más intenso es para los empleados y contratistas de EPM y las comunidades afectadas. Todos hablamos, por supuesto, ante todo, de los segundos.

Hoy quiero hablar de los primeros. Pensando en los ingenieros y obreros que no paran de trabajar, con riesgos de sus vidas y en los líderes del proyecto comprometidos todo el tiempo, quiero rescatar aquellos valores que los mantienen.

Traigo al respecto, dos recuerdos que expresan lo que quiero decir. El primero, con Juan Luis Londoño De la Cuesta; la solidaridad y sensibilidad con la que me apoyó como rector, siendo él ministro de Salud, para superar la crisis pensional de la Universidad de Antioquia. Acompañó una fórmula disruptiva, en el origen del nuevo aire positivo que hoy tiene el alma mater. El segundo, el de doña Lucía De la Cuesta, mujer ejemplar por su espíritu cívico, que nunca escatimó esfuerzos cuando de unirnos por la equidad se trataba. Dedicó su vida a ayudar a la inclusión social y a cuidar los activos institucionales determinantes de nuestra calidad de vida. No olvidamos su presencia ejemplar, cuando se pretendió politizar EPM, en el Comité Cívico por la defensa de esta institución.

Hoy otro De La Cuesta, Jorge, gerente de EPM, es actor de primera línea. Afortudamente, actúa y refleja, los valores de su familia. Es genuino su compromiso con quienes enfrentan y sufren el difícil momento; con el sacrificio de empleados y colaboradores de EPM, en su constancia de seguir en un entorno natural muy desfavorable y con tantas familias de las riberas. Por sus valores, Jorge no es el mismo hoy que hace un mes. Su rostro no es el de un burócrata, es el de alguien que realmente vive desde lo más humano este acontecimiento.

En el campamento hay miles de Jorges, con los valores expresados y que sufren. Y con familias de origen como la ilustrada. A ellos en la tragedia -no en la racionalidad del origen de la misma, sobre lo cual tantos vendrán a decir “yo lo dije”- enviemos mucha energía y muchos abrazos.

Los jubilados de dicha institución, sintetizan muy bien lo que queremos decir: “Ánimo compañeros. No están solos. Reconocida y aceptada la gravedad del momento y del daño, su solución no puede estar en mejores manos que la de todos ustedes…”.

Por la suma de factores lamentables, ahora todos hablamos de túneles, presa, casa de máquinas, velocidad de llenado… y una gran cantidad de conceptos que antes del 28 de abril poco manejábamos. Reconozcamos que detrás de la situación técnica, están las personas que afrontan las dificultades y que la decisión de priorizar la vida de trabajadores y comunidad en general, es valiente, solidaria, pero también humanamente muy difícil. Mucha energía y abrazos para todos ellos.

PD: Por razones editoriales, esta columna se escribió el pasado viernes. Si ha ocurrido un acontecimiento mayor, para mí sigue vigente.”

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