Tirios y Troyanos sobre el fin del conflicto con las Farc coinciden en lo acertado del punto del Acuerdo sobre el proceso de entrega de armas. Los militares colombianos fueron determinantes, visualizaron con suficiencia el tema y lograron que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas – tan perniciosamente calculador políticamente en no pocos casos – se comprometiera activamente, más allá de simples declaraciones, con dicho proceso.

Y algo más allá vendrá, si tenemos en cuenta la declaración del Secretario de dicho organismo, Ban Ki-moon quien manifestó esta semana en la Asamblea de dicho Organismo: “las Naciones Unidas apoyarán al pueblo colombiano en cada paso que tome”.

En la labor de dejación de armas ya tiene un mandato de 12 meses prorrogables; estará integrada por observadores internacionales desarmados y formará parte del mecanismo que vigilará y verificará tanto el cese del fuego y de las hostilidades, como el proceso de desarme. De ganar el Sí en el plebiscito, en los próximos meses veremos de manera especial mucho personal extranjero en el territorio, comprobando que efectivamente se cumpla lo acordado. Nada mejor que, en tal caso, cooperemos como sociedad para que lo hagan bien.

Queda la otra parte que declara el Secretario. La presencia de las Naciones Unidas en nuestro país no es reciente ni sujeta solo a los asuntos del conflicto. Colombia fue fundador de este organismo en 1945 y la llegada oficial de sus agencias y programas se dio desde 1954; son 62 años trabajando en Colombia en diferentes áreas. Ocho de sus once programas y agencias hacen presencia en el Departamento: la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, Acnur, OCHA, FAO, ONU Mujeres, OIM, PNUD y PMA.

Precisamente, con el ánimo de comprender mejor la labor de cada una de esas agencias, sus programas e impactos en el territorio, convocamos desde Proantioquia una reunión con sus representantes. Cerca de 80 personas, pertenecientes a cuarenta entidades públicas, privadas y sociales, respondieron al llamado y luego de una conversación, buscando de nuestra parte convocar y articular, identificamos los principales retos que tenemos, si queremos optimizar el trabajo de la ONU en el territorio, que se resume en tres objetivos: mayor inteligencia colectiva, continuidad conceptual y espacios de diálogo y comunicación permanente.

Es fundamental que ahora, más que nunca, el trabajo de las agencias de Naciones Unidas se articule entre ellas- fundamental- y con los sectores público y privado. La planeación de proyectos exige inteligencia colectiva para leer el entorno, identificar factores críticos y actuar con estrategia.

Desde Proantioquia y las instituciones de la región, buscamos agrupar la labor de Naciones Unidas en una ruta de acompañamiento en función de los contextos; los Objetivos de Desarrollo Sostenible deben convertirse en el norte. Que articule no solo las labores humanitarias, sino el fortalecimiento de capacidades y generación de oportunidades en las regiones. Y para ello debemos mantener espacios colectivos de trabajo, que superen las individualidades y propicien el impacto y la transformación de nuestro territorio. El espacio de Antioquia Sostenible es el mejor para el encuentro inteligente.

Rafael Aubad L. Presidente Proantioquia

Publicado en El Colombiano

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