Sobre las constantes propuestas de reforma a la salud y las necesidades urgentes que tiene el sistema, escribimos en el periódico El Colombiano una columna titulada Como las abejas:

Me da escalofrío cuando los políticos hablan  de reformas estructurales para corregir  problemas recurrentes de provisión de bienes públicos y en general del  cumplimiento de las obligaciones del Estado. Bajo este enfoque se han hecho tantas  y los problemas ahí. Ilustrativas las referencias de algunos diarios a lo que pasaba hace 50 años: parecen noticias del día. ¡Los mismos asuntos! Hablando de fútbol por ejemplo,  Argentina ha tenido ocho entrenadores en los últimos años: cada uno iba a revolucionar… y ahí están  rogando al Señor. Evitamos considerar que tanto o más importante que el cambio propuesto, más allá de la parafernalia de ahora sí contamos con  la mejor ley, es quién, cómo, con qué capacidades, en cuánto tiempo  y con quién, se gestionan las reformas.  Soy un obsesivo de que la vida es la suma de pequeños pasos, que no hay transformaciones que no pasen por el hacer de todos los días. Que los grandes cambios solo ocurren si son continuos y sumando hechos y apoyos.

En este marco, me  da entonces escalofrío cuando se habla de reformas estructurales al sistema de salud. No, lo que hay que proponerse es potenciar lo bueno ya construido, poniendo al frente los avances significativos. Mencionemos algunos: ahorro de cerca de 1 billón de pesos gracias a la regulación de precios y compras centralizadas de medicamentos; aumento de la cobertura del aseguramiento en 2,2 millones de personas en los últimos 7 años;  disminución de la tasa de mortalidad infantil, por cada 100 mil nacidos vivos de 18,4 casos en el 2010 a 17,1 en el 2017. Que se puede, sin duda.

Es hora de  privilegiar acuerdos sociales concretos para consolidar beneficios como los mencionados, que son sin duda asuntos graves. Un acuerdo sobre los esfuerzos territoriales necesarios para financiar el régimen subsidiado y los servicios no incluidos en el plan básico de salud; sobre nuevas fuentes y sobre el control del gasto. Sobre un enfoque prospectivo de demandas, necesidades y perfil epidemiológico de los colombianos. Sobre  mecanismos financieros y fiscales para saldar las deudas del sistema y avanzar en su consolidación. Sobre no eludir por más tiempo el tener  plataformas tecnológicas integradas para mejorar la toma de decisiones y controlar el gasto y los costos. Vale la pena mencionar al respecto, la iniciativa de Ruta N para construir una Plataforma de Innovación de Transacciones en Salud – PITS.

Igualmente, consolidar arreglos de Sistema como el Programa  Integral de Atención en Salud o el proyecto para la gestión eficiente de la red de prestación pública que la FDI Pacífico está implementando en el Valle del Cauca; y urgente hacer eco de recomendaciones como las del  estudio en busca de una mayor integridad y transparencia en el sistema de salud colombiano, desarrollado por el Grupo de Economía de la Salud de la Universidad de Antioquia, para prevenir, detectar y castigar la corrupción; y al mismo tiempo, promover la integridad y la transparencia del Sistema.

Dejemos de pensar que un deus ex machine nos resuelve los temas y pensemos mejor que solo adoptando el enfoque de todos ponemos y todos trabajamos todos los días y como colectivo, la provisión de una salud oportuna y de calidad,  será viable y sostenible.

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