Aunque el tema de la calidad del aire en Medellín no es nuevo, en los últimos días ha venido tomando mayor relevancia por su gravedad y por lo que representa para la salud de los ciudadanos. Hoy reflexionamos sobre la necesidad de transformar esta emergencia en un llamado a la acción, en un pacto social donde el compromiso de todos sume voluntades por una verdadera sostenibilidad. Esta es nuestra más reciente columna de opinión publicada en El Colombiano:

“En las once encuestas de Percepción Ciudadana sobre Calidad de Vida en la ciudad que ha realizado el programa Medellín Cómo Vamos, es persistente la baja calificación que damos los ciudadanos a nuestro comportamiento: el cuidado propio, del otro y del interés integral. Reconocemos nuestros derechos pero no los deberes.

¿Por qué no aprovechamos la emergencia ambiental para avanzar como colectivo; construir y comprometernos por una ciudad saludable? El momento de ciudad innovadora de algunos, a corresponsabilidad ciudadana de todos.

Un antecedente positivo en esta propuesta ocurrió en 2007 con el Pacto por la Calidad del Aire. Se convocó a un propósito grupal para reducir en cinco años, el 10 % de los contaminantes atmosféricos principales en el Valle de Aburrá. Un dato contundente valoriza dicha iniciativa: en todas las estaciones de medición de la calidad del aire hubo una mejoría importante entre 2008 y 2011. Y un estancamiento entre 2012 y 2015, a pesar de que en 2011 y por Acuerdo Metropolitano, se aprobó el plan de descontaminación del aire. Pero desde 2012 no tenemos un pacto con las características del mencionado. ¿Por qué no se mantuvo?

Una razón franca y que compartimos la mayoría de los ciudadanos, la expresa con información y convicción el Director del Área Metropolitana, Eugenio Prieto Soto: nuestra cultura política. La práctica “del olvido” cuando llegan nuevos funcionarios públicos y la memoria de estudios, planes, buenas prácticas y evaluaciones, que se pierde. ¿Saben los lectores que en 2007 la Facultad de Salud Pública realizó el mejor estudio epidemiológico reciente sobre las causas y consecuencias de la contaminación de nuestro aire, y estaba en las oficinas del Área Metropolitana como un documento de Biblioteca? Afortunadamente el director Prieto lo ha rescatado y valorizado como uno de los pilares fundamentales en las decisiones que sobre movilidad requiere la ciudad. No estamos ante un tema de congestión vial; estamos fundamentalmente ante un tema de salud. En Medellín, entre 2012 y 2015, las enfermedades crónicas respiratorias fueron la tercera causa de muerte.

Recoger la memoria de lo hecho o no, para plantear previsión y acuerdos sociales de largo plazo, es apoyar la mejor administración de lo público. Los alcaldes de los últimos 16 años han tratado de no perder lo construido; pero aún nos falta. En el caso ambiental hay bastante por hacer y es fundamental apoyar los esfuerzos para que sea un tema prioritario para la actual y las futuras administraciones. La mejor manera es que todos sintamos el asunto como propio y reflexionemos en qué ciudad queremos vivir.

Hay sectores que deben darnos ejemplos con efectos muy positivos de manera inmediata. ¿Cuáles son las estrategias y metas de gestión trasparente de los CDA y de las empresas privadas dueñas del transporte colectivo? ¿Continuaremos con más buses medio vacíos, sin las condiciones técnicas adecuadas y “el mejor pique en la guerra del centavo”? ¿Cómo lograr que dueños de volquetas y camiones sepan que sus vehículos son la principal fuente de polución? ¿Y cómo apoyarán los constructores regulaciones horarias y de control de gases de este medio?

Habrá muchas más estrategias de responsabilidad y cultura sobre lo público y no dudamos que existen muchos ejemplos como los aquí referidos, pero hagamos públicos los compromisos integrados. Acuerdos sociales de largo plazo y de rendición de cuentas. Por supuesto, hay que incluir a las empresas manufactureras y a las universidades con su conocimiento.”

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