A propósito de situaciones afrontadas recientemente, una de ellas personal, he reflexionado bastante sobre lo que de verdad significa pensar en colectivo y sacar nuestra humanidad para que la vida en sociedad sea mejor. Esta es la más reciente columna publicada en El Colombiano:

“En los últimos días me han tocado dos sucesos inquietantes, uno social y otro personal, que me han enfrentado a asuntos complejos de la existencia: la pérdida, la tristeza, la preocupación, pero al mismo tiempo los valores y el poder solidario de quienes hacen parte de nuestros colectivos, para enfrentarlos.

El primero de ellos es la tragedia de quienes tuvieron que dejar sus hogares y la angustia de que pudiera ser aún mayor el drama humano y económico, por la situación de Hidroituango. Las convocatorias para estar allí y apoyar en lo que fuese necesario, en el marco por supuesto de la política pública para estos temas, fue acogida inmediatamente. Treinta empresas de todo el país han donado 30.4 toneladas de productos a través de la Asociación Nacional de Bancos de Alimentos. Igualmente, equipos expertos de Antioquia Presente, gracias al apoyo empresarial, muy pronto pusieron toda su experiencia para ayudar a establecer una ruta de largo plazo que cree las condiciones y capacidades territoriales que permitan hacer sostenible la relación de las poblaciones y del Proyecto. Si bien EPM ha asumido sus responsabilidades, la complejidad de los temas involucrados, teniendo como norte la gente, exigen lo mejor de nuestra inteligencia institucional y social para enfrentarlos. Todos Juntos por las Familias del Cauca, debe ser la estrategia.

El otro tema, más íntimo, es la pérdida de alguien que ha estado lo más cerca de ti toda la vida. Muchos de los lectores han vivido esos momentos y saben de lo que hablo. Seguramente nos identificamos en las mismas preguntas sin respuesta, porque nadie tiene la experiencia de la muerte. Y entonces vale muy poco recrearse alrededor de una simple especulación.

En compañía solidaria de cientos de personas, tuve la fortuna de encontrar de nuevo la gente que abraza y sentir sinceramente dicho abrazo. Me hubieran podido preguntar solo por mi testimonio, sesgado sin duda por la pérdida, a la manera de Amalia Lu Posso  (Vean vé, mis nanas negras) o a la manera de un niño descubriéndose: ¿Cómo es el amor, qué color tiene, a qué sabe, dónde se siente y cómo se da? Seguramente les hubiera podido responder.

Pero no, ellos eran parte de la historia,  porque habían compartido con un ser profundamente social. Ellos querían rescatar la significación de valores como la generosidad, el respeto, la tolerancia, el ponerse en los zapatos del otro, el gozar y hacer gozar con lo más simple, en fin, la amistad sin límites. Entonces uno descubre lo importante que son esas personas. Como alguien lo dijo bellamente: “…tu vida es inmensa, porque querías lograr que fuéramos lo mejor que cada uno podía ser, porque tu patria fue la ternura, tu bandera fue el amor incondicional…Tu sonrisa alumbraba cualquier existencia…”

Lo que me reafirman estas dos realidades es que en la medida en que cada uno de nosotros sea más humano, más fraterno, ayudando a sacar lo más positivo de las energías bondadosas DE TODOS,  la vida será mejor. Y habrá valido la pena”.

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